Inmarcesible Arquitectura
09/07/2013
Inmarcesible Arquitectura
 
 
Autor: Vicente Blasco García

Interesante artículo de opinión y reflexión sobre el momento actual que atraviesa la arquitectura respecto a la administración y su incapacidad de llegar a ver lo que en realidad supone la Arquitectura, con todo lo que ello conlleva.

Vicente Blasco García es profesor del Departamento de Construcciones Arquitectónica de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Valencia y arquitecto por la ETSAM, continuando su formación en la ETSA con un Master en Conservación de Patrimonio : “Técnicas de Intervención”.

A continuación el artículo de opinión:

INMARCESIBLE ARQUITECTURA

Hay personas que cuando no saben algo, van y lo consultan. Donde haga falta. Lo que no hace nadie que sea mínimamente inteligente es dilucidar sobre algo sin saber, sin entender o sin asesorarse. Inmarcesible es un vocablo raro. Significa que no se puede marchitar. Es un adjetivo apropiado para la arquitectura. Aunque haya quien se empeñe en que ésta perezca y desaparezca.

Lo que vislumbre un ministro de Economía a este respecto es impredecible. Sobre todo cuando ha de tomar decisiones que pueden afectar tanto a los arquitectos como a la arquitectura. Porque cuando uno no entiende o no sabe qué es arquitectura, lo suyo es buscar, preguntar, dejarse aconsejar o informarse.

Decía Sáenz de Oiza que lo más importante que tiene que saber un estudiante (de arquitectura) que sale de la Escuela es qué es y qué no es la arquitectura. Realmente es difícil de saber, aunque al señor De Guindos le tenga sin cuidado. Pero al menos, antes de ampliar competencias  para hacer Arquitectura con su grotesca Ley de Servicios Profesionales, sería importante que un ministro de Economía supiera distinguir entre lo que sabe hacer un ingeniero y lo que sabe hacer un arquitecto. Porque, y parece mentira que tengan que decirse estas cosas, sobre todo a un señor ministro, no están capacitados para hacer las mismas cosas.

Quizás él, como mucha gente, piense que ingenieros y arquitectos tienen cosas en común. Podría ser, aunque probablemente no comparten más que el que ambas profesiones solucionan problemas de diversa índole actuando sobre estructuras que deben permanecer en pie o sobre instalaciones que forman parte de algo edificado. Pero a partir de ahí ya no tienen más en común. 

Desde el momento en que todo edificio pasa a formar parte del paisaje y del entorno, y pasa a ser parte del patrimonio edificado de un territorio, las decisiones que debe tomar un arquitecto no se refieren solamente a la seguridad del uso, sino además a la calidad de vida de las personas. En el proceso edilicio, no sólo es necesario garantizar que un edificio no se va a caer o que va a funcionar bien, sino que también su inserción en el lugar es el adecuado o el más conveniente. De lo que trata la arquitectura es de construir lugares que produzcan emociones agradables a quien los habita y a quienes los contemplan.

La arquitectura, pues, es cosa de arquitectos, que para eso han sido preparados. Lo que hagan los ingenieros es otra cosa. Por tanto, sería conveniente que el señor De Guindos se asesorara bien sobre lo que es y no es una cosa y otra, y sobre lo que saben y no saben hacer unos y otros, para no pasar a la historia como un estúpido engreído. Es más que probable que esto no haga falta buscarlo en el diccionario, todo el mundo sabe lo que significa.